¡Socorro! Me he quedado sin trabajo.

La mayor parte de nosotros nos sentimos orgullosos de nuestra profesión y nuestro trabajo. Necesitamos el trabajo para dar de comer a nuestra familia, pagar el alquiler, reparar el coche y permitirnos un capricho de vez en cuando. Establecemos un vínculo con la gente con la que trabajamos y generalmente sentimos que ese sitio es nuestra segunda casa. No ha de sorprendernos ya que la mayoría de nosotros se pasa un tercio de su vida en la oficina. Por tanto, la perdida repentina de trabajo puede ser dolorosa, deprimente y, según el individuo y su situación económica, la entrada en una...


























































