770 gramos

"Escucho ruidos de la máquina. El aire frío entra por mi nariz todo el tiempo. Necesito saber para qué sirven todos estos cables. ¿Por qué hay tantos? ¿Por qué la música −pi, pi, pi−, suena siempre? Necesito saber muchas cosas." Cuando Michael Josch nació, hace veintidós años, llevaba veinticinco semanas de gestación, pesaba setecientos setenta gramos y medía treinta centímetros. Con el pulso constante de los monitores como una suerte de música de fondo, este libro recrea una voz que sólo es posible en la ficción: la de un cincomesino en la incubadora. Siguiendo la huella ...


























































