Día Mundial de la Poesía 2020
Sobre la lectura
Acerca del Día Mundial de Poesía Por Redacción Proclamado por la UNESCO durante su 30° reunión, celebrada en París en octubre-noviembre de 1999, el organismo, presidido por Federico Mayor Zaragoza, decidió proclamar cada 21 de marzo, como Día Mundial de la Poesía, atendiendo la propuesta que dos años antes, realizaran, entre otros, la poeta Gloria Fuertes y el editor Antonio Pastor Bustamante. Desde 1999, cada 21 de marzo, se celebra el DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA con objetivo de apoyar la diversidad lingüística y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades respectivas. Se pretende, además, promover la enseñanza de la poesía, fomentar la tradición oral, los recitales poéticos, apoyar a las pequeñas editoriales, crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino una vía de expresión y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.
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Biografía de Alonso De Molina Y Otros Autores
Alonso de Molina fue un religioso y misionero franciscano español, nacido en la ciudad de Medina del Campo a mediados del siglo XVI, concretamente en 1490. Es ampliamente reconocido por su labor en la evangelización de los pueblos indígenas en Nueva España (actualmente México). Su contribución más importante fue la creación de un diccionario náhuatl-español, el cual publicó en el año 1555. Este trabajo no solo fue crucial para la comprensión y el aprendizaje del idioma náhuatl entre los colonizadores, sino que también fue un valioso recurso para los estudiosos de la lengua y la cultura azteca.
La vida de Alonso de Molina estuvo marcada por su dedicación a la misión evangelizadora y a la educación. Llegó a México en 1524, donde se unió a sus hermanos franciscanos, quienes estaban comprometidos con la conversión de los pueblos indígenas al cristianismo. Durante su tiempo en el país, Molina observó las costumbres, creencias y lenguaje de los pueblos autóctonos, lo que motivó su deseo de aprender el náhuatl con el fin de comunicarse eficazmente y transmitir los principios de la fe cristiana.
Una de sus obras más significativas, el Vocabulario en lengua castellana y mexicana, es considerado uno de los primeros diccionarios de una lengua indígena de América. En este libro, Alonso de Molina no solo incluyó términos y frases en náhuatl, sino que también ofreció explicaciones y descripciones que facilitaban la comprensión del contexto cultural y social de las palabras. Este diccionario fue fundamental para la educación y formación de nuevos misioneros que llegaban a México, ya que les permitía aprender el idioma nativo y adaptarse mejor a la cultura local.
El trabajo de Molina no se limitó a la recopilación de vocabulario. También escribió varios textos religiosos destinados a la evangelización de los indígenas. Algunos de estos textos incluían catecismos y enseñanzas sobre la fe cristiana, presentados en lengua náhuatl. Esto demuestra no solo su habilidad como lingüista, sino también su compromiso con la interculturalidad, al tratar de hacer accesibles los principios del cristianismo en el idioma de la población local.
A lo largo de su vida, Alonso de Molina se enfrentó a múltiples desafíos, incluyendo la resistencia de algunos grupos indígenas que rechazaban la evangelización y la oposición de otros misioneros que no veían con buenos ojos su enfoque conciliador. Sin embargo, su dedicación y su comprensión de la cultura indígena le permitieron establecer relaciones más cercanas con las comunidades a las que servía.
Alonso de Molina falleció en 1570, dejando un legado significativo en la historia de la evangelización en México y en el estudio de la lengua náhuatl. Su obra ha sido objeto de numerosos estudios y sigue siendo un referente en la lingüística y la etnografía de México. Su vida y trabajo son un testimonio de la complejidad del encuentro entre culturas que marcó el periodo colonial en América.
En resumen, Alonso de Molina no solo fue un misionero, sino un puente entre dos mundos, que a través de su vocación y su obra escrita, contribuyó a la comprensión y preservación de una lengua y una cultura que, de otro modo, podrían haber sido olvidadas en las páginas de la historia.
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