Si oyeras cantar a la alondra
Sobre la lectura
No hay uno mejor que otro, a no ser por el grado de utilidad o actitud en satisfacer las necesidades del prójimo. Lucas era un bróker muy conocido en la ciudad Condal. Sin embargo, tras la caída de Lehman Brothers y la posterior crisis económica de 2008, fue despedido de su empresa. Desde ese momento, comenzó a sentir la desazón que acompaña a todo aquel que ha perdido su empleo. El divorcio, y a no tardar la soledad, le llevarán a buscar el amor perdido en una página de encuentros por internet; pero su mala experiencia acabará por hundirle, conduciéndolo a la bebida. Durante una de sus borracheras acudirá a la iglesia. Un sencillo cura será el ángel que le tenderá la mano. Apelará a su misericordia, siendo correspondido por este sin vacilación, pues sus creencias, que no el hábito, aunque ambos concurran en la misma idea, lo impulsan a ponerse a prueba cada día ante Dios. La salida que este religioso encuentra a su problema pasa por recomendarle un viaje a Las Hurdes, para que pueda alejarse de la bebida y encontrar de nuevo la autoestima perdida. En Horcajo conocerá a otro párroco, Casimiro, que vive en una pequeña casita junto a la iglesia del pueblo, con Nicolás, un niño que, debido a su situación personal, se encuentra bajo la tutela del cura. El ejemplo diario de este buen samaritano logrará hacerle comprender que no hay uno mejor que otro, a no ser por el grado de utilidad o actitud en satisfacer las necesidades del prójimo.
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