José María Gil Robles fue un político, abogado y escritor español, nacido el 21 de marzo de 1898 en la ciudad de Madrid y fallecido el 10 de febrero de 1980 en el mismo lugar. Es recordado principalmente por su papel como líder de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), una organización política de tendencia católica y conservadora que tuvo una destacada influencia en la política española durante la Segunda República.
Gil Robles provenía de una familia con tradición política. Su padre, José María Gil Robles y Quiñones, ocupó cargos en la administración pública y su madre, Ángeles Ruiz, provenía de una familia noble. Desde joven, mostró un gran interés por el derecho y la política, formándose académicamente en la Universidad Central de Madrid, donde estudió Derecho.
En 1926, se unió a la Acción Católica, un movimiento que buscaba promover valores católicos en la sociedad y que tuvo un profundo impacto en su trayectoria política. Su carrera política dio un giro significativo tras la proclamación de la Segunda República en 1931, momento en el cual se intensificó la actividad política de Gil Robles. En 1933, su partido, la CEDA, ganó una significativa representación en las elecciones, convirtiéndose en una de las principales fuerzas políticas de la época.
Como líder de la CEDA, Gil Robles propugnó por la defensa de los derechos de la iglesia, la propiedad privada y la familia, oponiéndose a las reformas sociales del gobierno republicano. Su oratoria y habilidades como comunicador le hicieron ganar un importante número de seguidores, lo que le permitió acumular poder y fortalecer la posición de su partido. En 1934, tras la victoria del Frente Popular en las elecciones, se produjo un auge de la violencia política en España, lo que llevó a Gil Robles a adoptar una postura más radical y a llamar a sus seguidores a la resistencia.
El 17 de julio de 1936, se produjo el levantamiento militar que desembocó en la Guerra Civil Española. Durante este periodo, Gil Robles se mostró como un firme defensor del bando sublevado, colaborando con los líderes franquistas y, tras la victoria de este bando en 1939, ocupó diversos cargos en la administración franquista. Sin embargo, su relación con el régimen de Francisco Franco fue siempre compleja; aunque era un aliado, nunca llegó a ser un franquista convencido, lo que le llevó a distanciarse del régimen posteriormente.
Tras el final de la guerra, Gil Robles se exilió en Francia y más tarde se trasladó a Argentina, donde continuó trabajando como abogado y mantuvo su actividad política, criticando la dictadura franquista y defendiendo la restauración de la monarquía en España. Durante su estancia en el extranjero, escribió varios artículos y ensayos en los que reflexionaba sobre la situación política de España y el futuro del país.
Gil Robles regresó a España en 1976, tras la muerte de Franco y el inicio de la transición democrática. En su regreso, fue recibido como un líder político respetado, aunque su influencia había disminuido significativamente. Sin embargo, su legado y su papel en la política española del siglo XX continúan siendo objeto de estudio y debate.
Además de su faceta política, Gil Robles también dejó un legado literario, siendo autor de varias obras que abordan temas políticos, sociales y religiosos. Su visión del catolicismo y su interpretación de la historia de España han sido temas recurrentes en sus escritos, donde destaca su defensa de los valores tradicionales frente a los cambios sociales que se estaban produciendo en su tiempo.
José María Gil Robles falleció el 10 de febrero de 1980 en Madrid, dejando tras de sí un complejo legado que sigue siendo objeto de discusión entre historiadores y analistas políticos. Su vida y obra reflejan las tensiones y contradicciones de una España sumida en cambios políticos profundos y la lucha entre tradiciones y modernidad.