La Primera Pascua de Jerusal

Sinopsis del Libro

JESÚS partió antes del sábado acompañado por Lázaro desde la posada de éste hacia el desierto. Le dijo que tornaría después de cuarenta días. Desde esta posada caminó solo y descalzo y fue al principio, no en dirección de Jericó, sino hacia el Mediodía, como quien va a Belén, pasando entre los lugares de los parientes de Ana y los parientes de José, cerca de Maspha; luego torció hacia el Jordán.Anduvo por estos lugares, hasta el sitio donde había estado el Arca de la Alianza y donde había celebrado Juan aquella solemne fiesta. A una hora de Jericó subió a la montaña y se internó en una amplia gruta.Esta montaña se extiende desde Jericó, entre Oriente y Mediodía, sobre el Jordán, hacia Madián. Jesús comenzó su ayuno aquí, en Jericó; lo prosiguió en diversos lugares, al otro lado del Jordán, y lo completó aquí, adonde lo trajo el diablo cuando lo tentó.Esta montaña ofrece, desde su cumbre, una vista muy extensa: en parte está cubierta de plantas y en parte aparece empinada y árida. La altura no es tanta como la de Jerusalén, pero está en una comarca más baja y se levanta solitaria. Cuando miro las montañas de Jerusalén veo la del Calvario más alta, de modo que está al mismo nivel que la mayor altura del templo. En dirección a Belén, o sea hacia el Sur, está Jerusalén, sobre una cumbre empinada y peligrosa; por este lado no hay entrada ninguna y todo está ocupado con palacios y edificios.Jesús subió ya de noche a una de las cumbres empinadas de la montaña del desierto, que llaman ahora de la Cuarentena. Hay como tres respaldos en esta montaña y tres grutas, una sobre otra. Desde la superior, adonde subió Jesús, se ve por detrás un abismo rocoso; toda la montaña está llena de quebradas muy peligrosas. En esta misma cueva habitó un profeta, de cuyo nombre no me acuerdo, 400 años antes. También Elías estuvo algún tiempo oculto aquí y agrandó la cueva. Sin que nadie supiese de donde venía, descendía a veces hasta el pueblo, ponía paz y profetizaba. Unos 150 años antes habían tenido aquí su habitación unos 25 esenios. Al pie de este monte estaba el campamento de los israelitas cuando con el Arca de la Alianza y las trompetas daban vueltas alrededor de Jericó. En este mismo lugar está el pozo cuyas aguas dulcificó el profeta Eliseo. Santa Elena hizo arreglar estas cuevas en forma de capillas, y yo he visto una vez, en una de estas capillas, un cuadro que representaba la escena de la tentación. En la parte de arriba hubo también, en otros tiempos, un convento. Yo no acababa de comprender cómo pudieron llegar los trabajadores hasta la altura del monte donde estaba ese convento. He visto que Santa Elena edificó muchas capillas en estos y otros santos lugares. También levantó una capilla sobre la casa paterna de Ana, a unas dos horas de Séforis, donde sus padres tenían otra casa. Me causa mucha tristeza ver que estos santos lugares fueron devastados hasta perderse el recuerdo de las iglesias y capillas allí existentes. Cuando yo era niña e iba, antes del amanecer, por entre la nieve a la iglesia de Koesfeld, veía todos estos lugares, muy claramente; y veía también que a veces personas piadosas, para evitar que los soldados y guerreros los devastaran, se interponían y se echaban al suelo delante de sus espadas.

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Biografía de Ana Catalina Emmerick

Anna Katharina Emmerick (1774-1824) fue una mística y estigmatizada alemana cuya vida estuvo marcada por experiencias religiosas profundas y revelaciones espirituales. Nacida el 8 de septiembre de 1774 en Flamschen, un pequeño pueblo en el oeste de Alemania, Emmerick creció en una familia de campesinos católicos. Desde su niñez, mostró una inclinación notable hacia la espiritualidad y la devoción religiosa, lo que la llevó a considerar la vida religiosa como una opción para su vida.

A los 28 años, Anna Katharina decidió entrar en un convento agustino en Dulmen, donde comenzó a experimentar visiones místicas que se intensificaron con el tiempo. Su vida monástica, sin embargo, fue interrumpida por problemas de salud que la llevaron a salir del convento, lo que la obligó a llevar una vida más solitaria y austera. Durante este período, se dedicó a la oración y la meditación, y comenzaron a surgir testimonios sobre sus visiones y estigmas, los cuales se dice que sufrió de manera extraordinaria.

Las visiones de Emmerick estaban fuertemente centradas en la vida de Jesucristo y los misterios de la fe cristiana. A menudo, ella describía detalladamente los eventos de la vida de Cristo y de la Virgen María, y sus visiones se consideraban revelaciones. Estas experiencias trascendentales hicieron que muchos la consideraran una santa y mística, atrayendo la atención de numerosos seguidores y visitantes.

Uno de los aspectos más destacados de su vida fue su relación con el dramaturgo alemán Heinrich Karl Wilhelm von Schlegel, quien se sintió profundamente conmovido por sus visiones. Emmerick dictó sus experiencias y visiones a su amigo y escritor Bernhard Overberg, quien las transcribió. Estas narrativas se publicaron en una serie de obras, incluyendo “La vida de Jesucristo” y “Las visiones de Ana Catalina Emmerick”.

Su vida y sus visiones atrajeron la atención del célebre artista Gustav Klimt, quien se inspiró en su legado para una de sus obras, aunque la representación de Emmerick fue más conceptual que literal. Esta atención continuó durante el siglo XX, especialmente cuando Mel Gibson utilizó sus visiones como base para su película “La Pasión de Cristo”, lo que subrayó su influencia perdurable dentro de la cultura y la espiritualidad cristiana.

A lo largo de su vida, Anna Katharina Emmerick enfrentó numerosas adversidades, incluida la pobreza y la enfermedad. A pesar de su sufrimiento físico, su fe nunca flaqueó. De hecho, muchos de sus seguidores creyeron que sus padecimientos eran parte de su misticismo y su conexión divina. Emmerick pasó gran parte de su vida confinada a su cama, pero continuó orando y ofreciendo sus sufrimientos por la salvación de las almas.

En 1824, Anna Katharina Emmerick falleció, dejando un legado que continúa siendo explorado y debatido en círculos teológicos y espirituales. Su canonización ha sido objeto de discusión, y aunque no ha sido formalmente canonizada por la Iglesia Católica, su vida ha sido objeto de veneración y estudio a lo largo de los años. Muchos la consideran un ejemplo de devoción y un símbolo de la lucha espiritual en la vida cristiana.

Hoy en día, la figura de Anna Katharina Emmerick sigue siendo relevante, no solo en círculos religiosos, sino también en el ámbito del arte y la cultura popular. Sus visiones no solo ofrecen un vistazo a la espiritualidad del siglo XIX, sino que también proporcionan una rica fuente de inspiración y reflexión espiritual para generaciones futuras.

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